No fue una centella abrasadora que quemara dentro de la cabeza como un soplete. Tampoco un fogonazo enceguecedor que me dejó deslumbrado como liebre en carretera nocturna.
Nada de eso.
Todo fue mucho más sutil.
No puedo precisar exactamente el día, mejor dicho, la noche cuando sentí lo que ahora reconozco como el "primer aviso".
Sé que fue a mediados o finales del mes de septiembre de 2009, acostado en la cama y presto a dormirme. Un simple movimiento, habitual por demás para cualquiera que esté atacando el sueño: cambiar la cabeza de mirar a la izquierda a mirar a la derecha. Y todo empezó a dar vueltas.
Nada de eso.
Todo fue mucho más sutil.
No puedo precisar exactamente el día, mejor dicho, la noche cuando sentí lo que ahora reconozco como el "primer aviso".
Sé que fue a mediados o finales del mes de septiembre de 2009, acostado en la cama y presto a dormirme. Un simple movimiento, habitual por demás para cualquiera que esté atacando el sueño: cambiar la cabeza de mirar a la izquierda a mirar a la derecha. Y todo empezó a dar vueltas.
Acostado y todo alrededor te da vueltas.
Cuando todo se calmó traté de repetirlo, pero no ocurrió.
Como cualquier mortal razonablemente irresponsable, no le hice mucho caso. Me convencí que podía ser cualquier cosa: cansancio, stress, acidez estomacal (tengo algún que otro episodio gástrico con nauseas y mareos incluidos).
Hasta que los episodios comenzaron a repetirse con cierta frecuencia, cada dos o tres días con regularidad.
Le comenté a mi esposa, Maripily, y pensamos que podría ser algo relacionado con el oído, una laberintitis. Nada, a estar pendiente.
Y entonces comenzaron los mareos, estando de pie o caminando.
Cuando todo se calmó traté de repetirlo, pero no ocurrió.
Como cualquier mortal razonablemente irresponsable, no le hice mucho caso. Me convencí que podía ser cualquier cosa: cansancio, stress, acidez estomacal (tengo algún que otro episodio gástrico con nauseas y mareos incluidos).
Hasta que los episodios comenzaron a repetirse con cierta frecuencia, cada dos o tres días con regularidad.
Le comenté a mi esposa, Maripily, y pensamos que podría ser algo relacionado con el oído, una laberintitis. Nada, a estar pendiente.
Y entonces comenzaron los mareos, estando de pie o caminando.
Ya los sentía hasta con el cuerpo erguido, no solo estando acostado.
Primero aparecieron como un aturdimiento, luego con pequeñas pérdidas de verticalidad.
Nuevamente consulta con la costilla y su cómplice de diagnóstico (mi hija de 19 años Mónica). Conclusión de la junta médica matriarcal, que soy poco menos que maricón por estarme quejando tanto.
Que más nos queda. Morir callados. Con todo lo que dicen de los latinos y el macho, sin embargo es mas sano cerrar el pico. Por el bien y la supervivencia del género masculino.
De todas formas hice mi gesto de protesta: le pedí que hiciera una cita con el médico internista para revisar porque esto no era normal.
En general soy una persona sana. Gripe un par de veces al año, no muy fuertes. Si me excedo bebiendo y comiendo mucho un fin de semana, tengo episodios de acidez estomacal, que controlo con antiácidos suaves. Y por supuesto, algunos dolores de cuerpo (en cualquier parte) que aparecen de vez en cuando a todos los que ya estamos cercanos a la media centena, y que nos permiten certificar que todavía estamos vivos.
Por esa razón, y porque conozco mi cuerpo, me parecía que debía buscar un diagnóstico (siempre pensando en que tenía que ver con el oído); que me recetaran mis pastillitas para corregir lo que fuera y a otra cosa mariposa.
Y entonces ocurrió el Gran Evento Desencadenador.
Nuevamente consulta con la costilla y su cómplice de diagnóstico (mi hija de 19 años Mónica). Conclusión de la junta médica matriarcal, que soy poco menos que maricón por estarme quejando tanto.
Que más nos queda. Morir callados. Con todo lo que dicen de los latinos y el macho, sin embargo es mas sano cerrar el pico. Por el bien y la supervivencia del género masculino.
De todas formas hice mi gesto de protesta: le pedí que hiciera una cita con el médico internista para revisar porque esto no era normal.
En general soy una persona sana. Gripe un par de veces al año, no muy fuertes. Si me excedo bebiendo y comiendo mucho un fin de semana, tengo episodios de acidez estomacal, que controlo con antiácidos suaves. Y por supuesto, algunos dolores de cuerpo (en cualquier parte) que aparecen de vez en cuando a todos los que ya estamos cercanos a la media centena, y que nos permiten certificar que todavía estamos vivos.
Por esa razón, y porque conozco mi cuerpo, me parecía que debía buscar un diagnóstico (siempre pensando en que tenía que ver con el oído); que me recetaran mis pastillitas para corregir lo que fuera y a otra cosa mariposa.
Y entonces ocurrió el Gran Evento Desencadenador.
Estando caminando en medio de un pasillo en la oficina donde trabajo, volteé la cabeza, sin mucha fuerza, solo un cambio de dirección para pasar por una puerta, y todo, TODO, dio vueltas. Sentí las piernas temblando. No podía ubicar lo que estaba arriba y lo que estaba debajo.
Miré la puerta hacia donde me dirigía y extendí los brazos esperando poder sujetarme porque me veía besando el piso. No sé cómo pero me pude aferrar del marco de la puerta, y me quedé allí plantado esperando que mi cabeza se calmara. Cuando ya todo se estabilizó, me fui a mi oficina y traté de relajarme.
La sensación después de este evento fue una especie de mezcla de preocupación, con fastidio.
Llamé a la junta médica matriarcal (esposa e hija) y le dije lisa y llanamente que, o llamaba al médico internista que normalmente la atiende a ella o me iba con el primer matasanos que encontrara.
No lo sabía en ese momento, pero a raíz de ese primer Gran Mareo, también comenzó la sensación de incremento de la presión en el cráneo, sensación que fue de allí en adelante en aumento constante y sin retroceso.
La sensación después de este evento fue una especie de mezcla de preocupación, con fastidio.
Llamé a la junta médica matriarcal (esposa e hija) y le dije lisa y llanamente que, o llamaba al médico internista que normalmente la atiende a ella o me iba con el primer matasanos que encontrara.
No lo sabía en ese momento, pero a raíz de ese primer Gran Mareo, también comenzó la sensación de incremento de la presión en el cráneo, sensación que fue de allí en adelante en aumento constante y sin retroceso.
Al día siguiente en la tarde tuve mi primera cita con el Doctor Juan Baltar Iglesias.
Hombre serio y de poco hablar que me interrogó concienzudamente sobre variados aspectos de mi vida, y lo que sentía físicamente, no sólo de los mareos sino de todo. Cualquier cosa puede estar relacionada y el paciente, ignorante se calla algo que puede ser fundamental.
Examen físico completo: reflejos, coordinación, respuestas a estímulos, electrocardiograma. Todo aparentemente normal.
Qué cree usted que sea Doctor? El oído? Puede ser, pero vamos a hacer análisis de sangre (toda la hojita de selección de pruebas de laboratorio marcada sin faltar un cuadrito!) y una Resonancia Magnética de Cráneo con Contraste. Cuando tenga los resultados viene a verme.
Para los mareos? Dramamine, mañana y noche. Muchas Gracias. Hasta luego.
Por supuesto, hicimos la cita para la resonancia, que como es con el uso del Gandolino (contraste) y la hacen en ayunas, pues hay pocos cupos en la mañana. Resultado: espera de tres semanas para la resonancia. Fecha de la cita 27 de octubre de 2009

