sábado, 20 de febrero de 2010

La Operación 1

Y ya llegaba el día.
Me tocaba el 11 de noviembre, pero primero tenía que marcar la tarjeta de los 49 años. Y lo hice en compañía de mi hermano gemelo Juan, en su casa.
Pasamos un buen rato y luego a la casita.
También estuve ordenando las cosas en la oficina ya que preveía que por lo menos en una semana no iba a pasar por allí y tenía variadas cosas pendientes.
El 11 de noviembre llegué a la Clínica: Centro Médico de Caracas, ubicada en San Bernardino bien temprano en la mañana..
Lo primero, por supuesto, pagar. Superado el trago amargo, en admisión nos informaron que por lo menos hasta el mediodía no iba a tener habitación disponible. Eso no me afectaba tanto a mí como a la familia que tendría que esperar todo el tiempo sentada en las sillas de un pasillo.
Pero eso no lo podía controlar, así que, a lo mío.
El Doctor Krivoy apareció con una especie de caja de plástico en la mano que no supe identificar. Luego vería su utilidad.
Lo primero fue llevarme al resonador magnético, me pegaron unas cápsulas de omega3 en varias partes de la cabeza, me pusieron la vía en la mano y me metieron en el resonador.
Quizas deba explicar primero de que se trata el procedimiento y luego contar cómo lo ve el paciente.
La idea es generar un modelo tridimensional del tumor a través de las imágenes de forma tal que el equipo de radio cirugía sepa exactamente a donde apuntar. Esto se logra con resonancia magnética y con tomografía.
La resonancia da muy buena calidad de imagen pero ciertas distorsiones en cuanto a las dimensiones reales.
La tomografía arroja dimensiones mucho más precisas pero menos calidad de imagen. Solución?: Programa de computadoras que toman los dos tipos de imágen y hacen un modelo en 3D bien preciso del área que se desee.
En la resonancia se hacen muchos cortes (cada corte es una imagen) en el área del tumor (creo recordar que el doctor habló de 600), y a cada uno de ellos, el doctor debe indicarle las zonas donde se puede irradiar (el tumor por supuesto) y con qué intensidad; y se indican tambien las zonas que se deben evitar (globos oculares, nervios ópticos, tallo cerebral).
Cuando están seguros de que el modelo que tienen refleja lo que quieren hacer, ponen una pelota de tungsteno en el sitio donde debe quedar teóricamente el tumor y hacen una irradiación de prueba y registran los resultados. Si todo va OK, traen al paciente y aplican el modelo. Eso es en resumen el procedimiento.
Ahora lo cuento desde mi perspectiva.
Al colocarme las cápsulas de Omega3, el Doctor me explicaba que se habían dado cuenta que mientras más puntos de concordancia tuvieran la resonancia y la tomografía, se le hacía más fácil al programa de computadora hacer la integración de imágenes, y resulta que el aceite de las cápsulas se ve como una mancha blanca brillante en las imágenes, y funciona muy bien como referencia. En total me puso como nueve cápsulas y luego me metieron en el resonador.
Como ya yo sabía cómo era el sarcófacgo ese, me preparé con tiempo, respiré profundo y... cerré los ojos antes de que me metiran dentro. Y no los volví a abrir hasta la salida. Santo remedio.
Pensaba que me iban a llevar al tomógrafo de una vez, pero no. Hay un paso intermedio.
Subimos a la sala de recuperación de la clínica, y entre Mauricio Krivoy, su hermano y una enfermera procedieron a fijarme un "Marco Estereotáxico" a mi cráneo. Cómo?, muy fácil, con cuatro tornillos, largos y puntiagudos, y un mini torquímetro ajustado a la presión máxima que se debe atornillar contra el cráneo. De más está decir que la idea es que ese marco no se mueva para nada en todo el día.
La ubicación de los tornillos fué: dos en la frente casi colindando con la sien, y dos en la parta baja trasera del cráneo. a la altura de las orejas.
Por supuesto, me dijo el Doctor, unos pinchazitos de anestesia local para que no te duela cuando te ajustamos los tornillos. OK.
Primer tornillo, primer pinchazo, fastidioso pero tolerable, y la anestesia actuó rápidito.
Segundo y tercer tornillo, igual. Lo mejor para el final.
Último tornillo, pinchazo y a apretar el tornillo. No se durmió. Me duele, le digo al Doctor; otro pinchazo, y más apretar; me sigue doliendo le vuelvo a decir. Parece que no estamos anestesiando un nerviecito, pero seguía apretando el tornillo el condenado; otro pinchazo y por fin se calmó el dolor. Confieso que solté un suspiro de alivio, y me di cuenta de repente que tenía encogida la pierna como un reflejo por el dolor. Me dediqué unos momentos a relajar todo el cuerpo, pués no había notado lo tenso que estaba.
Hubo sangrado? Un poquito. pero quizás lo más desagradable es recordar el sonido del tornillo perforando el cuero cabelludo y la sensación de tener la cabeza metida en un cascanueces gigante que no te rompe la cabeza vaya usted a saber por qué razón.
Nos tocaba volver abajo para hacer la tomografía, pero como ya era paciente formal, y con ese casco en la cabeza, me sentaron en una silla de ruedas y un enfermero me puso un gorrro quirúrgico que tapaba de alguna manera los tornillos, y me llevó de vuelta al tomógrafo.
Allí me colocaron la caja que había visto en las manos del Doctor al inicio del día. Esa caja ajusta perfectamente con el marco fijado a mi cabeza, y tiene una serie de marcas y referencias que permiten ubicar la cabeza en la máquina que va a dar la radiación, recordemos que en este caso la precisión lo es todo.
Comparada con la Resonancia la Tomografía es un paseo en el campo, no solo porque el equipo no es tan claustrofóbico, sino que es mucho más rápido el procedimiento. Terminamos rapidísimo.
Total que eran aproximadamente las 9 de la mañana y toda mi participación activa había terminado. Y todavía no tenía habitación. La solución era mantenerme en la sala de recuperación, mientras se desocupaba una. Otra vez a la silla de ruedas, y en nuestro camino a Recuperación  pasamos por planta baja para que la familia viera que estaba bien, Aproveché para agarrar un libro (Historia de los Griegos) y mi celular.
Llegamos a la sala, me acostaron en una camilla y me pusieron en el rincón donde menos estorbara, ya que realmente lo único que me pusieron fué suero (dos botellas), cuyo resultado fue que tuve que ir al baño a orinar.
Me tocaba llenarme de paciencia, y finalmente como a las 12:30pm me informaron que ya me habían asignado habitación.
Me bajaron como a la una (en la misma camilla en la que estaba) y por fin estuve tranquilo y pude de alguna manera relajarme y comer, comida de clínica, pero peor es nada.
Y mi aspecto en ese momento? Aquí va la foto.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El Neurocirujano

El Lunes 30 de octubre tuvo una sensación agridulce.
Tempranito Maripily y yo nos arreglamos y nos fuimos al Banco Mercantil para firmar la compra de nuestro apartamento.
Nos encontramos con el representante de la Constructora, siempre amable y atento con nosotros, y me imagino que se debe haber sorprendido un poco con nuestra "pasividad".
Cualquiera esperaría alegría, excitación; nosotros estábamos algo poco más que taciturnos.
Desde luego, nadie sabía nada todavía de la procesión. Y yo ya tenía hecha la cita para esa misma tarde con el neurocirujano.
Total que, alrededor de las 9 am firmamos nuestra nueva casa, y nos tomamos un café para celebrar. Y luego de regreso a casa de mamá a esperar a las 3 de la tarde, a la visita médica.
Maripily no podía acompañarme porque tenía que buscar a nuestro adolescente hijo en el colegio, por lo que mi hermana Raquel fue la 'afortunada' que me acompañaría. Yo, desde luego, sólo no podía ir, corría el riesgo de un mareo-caída.
Puntuales cual ingleses, llegamos al consultorio, y mi primera impresión fue que, si la calidad iba de la mano con la cantidad de pacientes, este Doctor debía ser excelente.
Nos anunciamos con la secretaria-recepcionista y, probablemente porque el Doctor Baltar (el internista que me refirió al neurocirujano) ya había hablado con él, no tuvimos que esperar casi nada, más bién, nos pasaron a una pequeña salita acomodada como mini-sala de clases, y en cuanto terminó con el paciente que estaba tratando, el Doctor Mauricio Krivoy nos hizo pasar a su consultorio.
Un pequeño paréntesis sobre la familia Krivoy. El padre, Abraham, fué pionero de la neurocirugía en Venezuela, su hermano, es también neurocirujano, y sus dos hijos, pués también neurocirujanos.
Por lo que pudimos leer y oir de variadas personas, Mauricio Krivoy, si no es el mejor, está en el top three de los neurocirujanos en Venezuela, superando al padre, y con fama incluso fuera de nuestras fronteras.
Es una persona de estatura quizá algo baja, pero de rostro agradable y expresión tranquila, lo cual para alguien que se gana la vida cortando y cosiendo cerca de nervios y neuronas debería ser un requisito de ingreso.
Saber de su fama antes de verlo, da algo de calma respecto al personaje; pero mi preocupación era el tumor, no la reconocida habilidad del cirujano.
Le eché el cuento de cómo llegué hasta allí y él, al ver las imágenes, me dijo que ya las conocía. Resulta que cuando me estaban haciendo la resonancia, él casualmente estaba por allí y le pidieron un a opinión. Mundo pequeño este.
Su diagnóstico fue bien preciso, tumor benigno (por fin alguien le ponía apellido al niño), y con dos opciones de tratamiento:


1. Abrir el cráneo desde atrás, operándome estando yo en posición sentada, y extracción de la masa.


2. Radio cirugía. Un procedimiento no invasivo pero que tarda dos años en ver el resultado.


El costo? Cuestan lo mismo. Y entonces me preguntó a mí qué prefiero. Me dieron ganas de contestar que lo que prefería era no tener esa cosa creciendo en mi cabeza, pero todavía estaba confundido, tratando de pensar qué hacer.
Y entonces me dijo: "Te lo voy a hacer más fácil, vamos a hacer radio cirugía, todavía está en un tamaño que admite este tipo de procedimientoy no tenemos que abrir el cráneo".
Después me explicó que la sugerencia del tipo de intervención la hace un poco en función del tipo de paciente; si ve que el paciente va a ser suficientemente responsable como para seguir un control trimestral por dos años, el propone radio cirugía; si el paciente parece un loco de atar, que quién sabe cuándo lo volverás a ver, pues a abrirle el coco.
Personalmente no me agradaba mucho la idea de que nadie me salte la tapa de los sesos, aunque sea muy hábil en eso, por lo que fuí muuuy fácil de convencer.
Me explicó en forma general cómo es el procedimiento, y me dió las fechas que tenía disponible para la operación. Primera opción 11 de noviembre, segunda opción 23 ó 24 de noviembre. Mientras más pronto me decidiera mejor, porque los síntomas que sentía se iban a acentuar; además, con lo que tenía allí no había más remedio que tomar acción, sea cuál fuere.
Le dí las gracias y le dije que muy pronto le avisaría.
Esa misma tarde hablamos en familia en casa de mi mamá. La decisión no era muy difícil de tomar, no había muchas opciones.
Solamente quería hacer una última consulta con un amigo del trabajo que tuvo dos operaciones de tumores cerebrales, y a él sí lo abrieron las dos veces; y me dijo sin dudarlo un segundo, que si tenía la oportunidad de usar un procedimiento que no ameritara abrir, que me lanzara por ese camino sin pensarlo.
Llamé al doctor e hicimos la cita para la intervención el 11 de noviembre, dos días después de mi cumpleaños.
Ahora solo quedaba avisar a todos los afectados de alguna manera: los jefes y amigos de la oficina, mis amigos personales.
En la oficina todos se quedaron con la boca abierta, y preocupados por supuesto. Tenemos más de 20 años trabajando juntos y estamos unos puntos por encima de la relación jefe-empleado.
Les expliqué el procedimiento y las fechas, y lo único que me dijeron fue, toma el tiempo que necesites, lo importante es que te mejores.
Y bueno, con los amigos la cosa es casi peor, si alguno de mis amigos me dice que tiene una pelota alojada en la cabeza estaría más que preocupado.
En todo caso, la suerte estaba echada, y lo único que me quedaba era preparar todas mis cosas para cualquier eventualidad (claves de las cuentas de banco, cheques firmados, etc.) y esperar el día de la operación.
Iba a ser una larga espera...

sábado, 6 de febrero de 2010

La Resonancia

Y llegó el día que tanto estábamos esperando.
Por lo menos yo.
Temprano en la mañana y en ayunas.
Ya un amigo de la oficina me había advertido de cómo es el aparato ese: "Un tubo cerrado, te produce sensación de encierro. Hay otros abiertos más cómodos. Piénsalo".
Que vá...!, a mí? Yo que he estado en túneles excavados y sin revestimiento, debajo de tierra con apenas una linternita y me voy a preocupar de un aparatito en medio de una sala iluminada. JA!
Pues me acostaron en la camilla, me inmovilizaron la cabeza con una cinta asegurada con Velcro, y sin aviso y sin protesto, como decían antes los pagarés, me metieron en el resonador.
ESA COSA ES UN ATAUD!
Casi me asfixio. No podía respirar, y el corazón iba como a 5.000 rpm.
Estuve a punto de salirme de allí o pedir que me sacaran.
Peleé por ganar el control. Me dije: Calma, tu eres grandecito, manéjalo. Y me costó Dios y su ayuda, pero respiré profundo, cerré los ojos y me puse a pensar en quién sabe qué cosa. Lo primordial era no ver el tubo del resonador a escasos quince centímetros de mi cara.
Después de lo que me pareció una eternidad, entró la enfermera y me inyectó el líquido de contraste (antes de entrar en la sala del resonador me habían colocado una vía a una vena de la mano). Esperar otro buen rato oyendo ruidos raros y listo. Venga Señor, ya puede levantarse e irse. Muchas Gracias.
Mis resultados? El Viernes 30. Otra vez Gracias.
No puedo decir que estuviera nervioso porque en verdad no lo estaba. Para mí era esperar que me dijeran la confirmación de que el oído era el causante de todo.
Y el día 30 fuí con Maripily (esposa) a buscar los resultados, a final de la tarde, luego que ella me recogiera del trabajo.
Por supuesto, no saqué las placas que son un tanto grandes, pero sí saqué el informe.
"Lesión ocupante de espacio en la fosa posterior, consitente con Meningioma del Tenterio. 33mm x 25 mm"
Lo primero es que uno como que se embrutece. Debe ser un mecanismo de defensa para no morir de nervios a la primera.
Lesión? Qué es una lesión? Yo no me golpeé la cabeza desde chiquitico. Cuál lesión?
Maripily y yo decidimos esperar a llegar a la casa y revisar con calma, para qué las prisas.
Y, por supuesto, al llegar lo primero es sacar las imágenes, y al verlas, sin necesidad de ser Doctor, ya era evidente que algo no andaba bien.
Estas son las imágenes que resaltaron por sobre todas las otras. Ni qué decir en dónde está la lesión.
Hasta un ciego puede verla:


Por supuesto, el siguiente paso es acceder a lo que en definitiva es la bendición y, al mismo tiempo, la maldición del que quiere Saber: Internet.
Búsqueda en Google y millones de resultados. Empezar a escarbar entre la montaña de webpages a ver cuál es confiable: publicaciones médicas, hojas de hospitales, esas cosas.
Y ahí ya sí todas se dejaron de sutilezas y le pusieron el remoquete: un meningioma es un tumor.
Susto. Y de los grandes.
Literalmente se me erizaron los pelos de la nuca. De verdad piensas que realmente en la lotería de la vida te tocó el número que nadie quiere.
Las páginas que vimos nos decían que hay montones de meningiomas, generalmente benignos; pero por supuesto, se curan en salud y te dicen que también hay de los malucos. En cuál de todos estoy yo?
Llamamos al Doctor Baltar (el internista) y nos confirmó todo: es un tumor, normalmente benigno, quédate tranquilo, nos vemos el lunes.
Menudo Fin de Semana me esperaba. Empezar por avisar a la familia: Mamá ya lo sabía, estaba al lado mío cuando ví las imágenes; llamar a mis hermanos; todos pidiendo calma y esperar a ver que dice el doctor el lunes.
Y lo que yo no podía quitarme de la cabeza era otra cita también pactada para el lunes en la mañana. No con el médico, sino con el banco, para firmar el crédito de la nueva casa de nuestra familia, por la que habíamos estado ahorrando, trabajando y esperando por 15 años.
Y hablan de ironías de la vida. Personalmente me sentía metido en un pozo, y sin la menor idea de por donde salir.






miércoles, 3 de febrero de 2010

Y en el inicio fue...

No fue una centella abrasadora que quemara dentro de la cabeza como un soplete. Tampoco un fogonazo enceguecedor que me dejó deslumbrado como liebre en carretera nocturna.
Nada de eso.
Todo fue mucho más sutil.
No puedo precisar exactamente el día, mejor dicho, la noche cuando sentí lo que ahora reconozco como el "primer aviso".
Sé que fue a mediados o finales del mes de septiembre de 2009, acostado en la cama y presto a dormirme. Un simple movimiento, habitual por demás para cualquiera que esté atacando el sueño: cambiar la cabeza de mirar a la izquierda a mirar a la derecha. Y todo empezó a dar vueltas.
Acostado y todo alrededor te da vueltas.
Cuando todo se calmó traté de repetirlo, pero no ocurrió.
Como cualquier mortal razonablemente irresponsable, no le hice mucho caso. Me convencí que podía ser cualquier cosa: cansancio, stress, acidez estomacal (tengo algún que otro episodio gástrico con nauseas y mareos incluidos).
Hasta que los episodios comenzaron a repetirse con cierta frecuencia, cada dos o tres días con regularidad.
Le comenté a mi esposa, Maripily, y pensamos que podría ser algo relacionado con el oído, una laberintitis. Nada, a estar pendiente.
Y entonces comenzaron los mareos, estando de pie o caminando.
Ya los sentía hasta con el cuerpo erguido, no solo estando acostado.
Primero aparecieron como un aturdimiento, luego con pequeñas pérdidas de verticalidad.
Nuevamente consulta con la costilla y su cómplice de diagnóstico (mi hija de 19 años Mónica). Conclusión de la junta médica matriarcal, que soy poco menos que maricón por estarme quejando tanto.
Que más nos queda. Morir callados. Con todo lo que dicen de los latinos y el macho, sin embargo es mas sano cerrar el pico. Por el bien y la supervivencia del género masculino.
De todas formas hice mi gesto de protesta: le pedí que hiciera una cita con el médico internista para revisar porque esto no era normal.
En general soy una persona sana. Gripe un par de veces al año, no muy fuertes. Si me excedo bebiendo y comiendo mucho un fin de semana, tengo episodios de acidez estomacal, que controlo con antiácidos suaves. Y por supuesto, algunos dolores de cuerpo (en cualquier parte) que aparecen de vez en cuando a todos los que ya estamos cercanos a la media centena, y que nos permiten certificar que todavía estamos vivos.
Por esa razón, y porque conozco mi cuerpo, me parecía que debía buscar un diagnóstico (siempre pensando en que tenía que ver con el oído); que me recetaran mis pastillitas para corregir lo que fuera y a otra cosa mariposa.
Y entonces ocurrió el Gran Evento Desencadenador.
Estando caminando en medio de un pasillo en la oficina donde trabajo, volteé la cabeza, sin mucha fuerza, solo un cambio de dirección para pasar por una puerta, y todo, TODO, dio vueltas. Sentí las piernas temblando. No podía ubicar lo que estaba arriba y lo que estaba debajo.
Miré la puerta hacia donde me dirigía y extendí los brazos esperando poder sujetarme porque me veía besando el piso. No sé cómo pero me pude aferrar del marco de la puerta, y me quedé allí plantado esperando que mi cabeza se calmara. Cuando ya todo se estabilizó, me fui a mi oficina y traté de relajarme.
La sensación después de este evento fue una especie de mezcla de preocupación, con fastidio.
Llamé a la junta médica matriarcal (esposa e hija) y le dije lisa y llanamente que, o llamaba al médico internista que normalmente la atiende a ella o me iba con el primer matasanos que encontrara.
No lo sabía en ese momento, pero a raíz de ese primer Gran Mareo, también comenzó la sensación de incremento de la presión en el cráneo, sensación que fue de allí en adelante en aumento constante y sin retroceso.
Al día siguiente en la tarde tuve mi primera cita con el Doctor Juan Baltar Iglesias.
Hombre serio y de poco hablar que me interrogó concienzudamente sobre variados aspectos de mi vida, y lo que sentía físicamente, no sólo de los mareos sino de todo. Cualquier cosa puede estar relacionada y el paciente, ignorante se calla algo que puede ser fundamental.
Examen físico completo: reflejos, coordinación, respuestas a estímulos, electrocardiograma. Todo aparentemente normal.
Qué cree usted que sea Doctor? El oído? Puede ser, pero vamos a hacer análisis de sangre (toda la hojita de selección de pruebas de laboratorio marcada sin faltar un cuadrito!) y una Resonancia Magnética de Cráneo con Contraste. Cuando tenga los resultados viene a verme.
Para los mareos? Dramamine, mañana y noche. Muchas Gracias. Hasta luego.
Por supuesto, hicimos la cita para la resonancia, que como es con el uso del Gandolino (contraste) y la hacen en ayunas, pues hay pocos cupos en la mañana. Resultado: espera de tres semanas para la resonancia. Fecha de la cita 27 de octubre de 2009

martes, 2 de febrero de 2010

¿Por qué de esto?

Voy a comenzar este blog.
Y lo voy a hacer a manera de catarsis y de testimonio.
Definitivamente esta es una experiencia que no tiene más remedio que cambiarte la vida. Después de todo, no todos los días te detectan un tumor en el cerebro.
Así, en seco. Tu mareo no era el oido. Tu suegra se equivocó con la laberintitis.
La resonancia dió su veredicto:
"Meningioma del Tenterio en la Fosa Posterior", 33mm por 25 mm.
Una pelota pués. Pero adentro del cráneo.
Y entonces las dudas: ¿qué hago? ¿cómo hago? ¿qué doctor? ¿será bueno? ¿confío en él o no confío?
Y la más elemental de las dudas colgándo sobre tí de la provervial crin de caballo: ¿Se me acabó el tiempo? ¿kiss your ass goodbye?
Por variadas razones comencé el blog con tres meses de retraso desde... bueno, desde ese día. Por necesidad, las próximas entradas serán retrospectivas y ayudadas por mi memoria, tratando de hacer una secuencia de acontecimientos y su relación con cómo me siento, física y emocionalmente.
Quiero tratar de explorar cómo estoy, de alguna manera, afectando a los que me rodean, expresar lo que siento para que, si en algún momento tienen la oportunidad o el deseo de visitar este jornal, comprendan un poco el mundo cómo lo estoy viendo desde mi perspectiva.