Todo supuestamente iba a ser algo así como un jardín de rosas.
Un poco de paciencia y las cosas derechitas como cañón de escopeta.
Ya te aviso chirulí. Tenía la primera cita post-operatoria a la semana de la intervención, y confieso que fue una de las más miserables de mi vida. Después vendrían otras.
Los dolores de cabeza eran casi intolerables, la sensación de presión dentro del cráneo imposible de describir. Desde la mañana colocándome frío en la nuca (CrioGel o hielo) y sintiendo una fuerte presión dentro del cráneo.
Debía ir a consulta un jueves y el miercoles estaba todavía tomando analgésicos como si fueran caramelos.
Y de repente, el día de la consulta: voilá, todo perfecto. Casi tengo que rogarle al Dr. que me crea, que sí, que me dolía la cabeza y mucho.
No me mandó a tomar nada. Al día siguiente bajó bastante el dolor de cabeza y luego... MILAGRO! Desapareció todo tipo de malestar como por arte de magia.
Empecé a llevar mi vida normal: trabajo sin problemas, comiendo los mediodía como una nigua. Hasta los jefes me lo comentaban con satisfacción: Si comes así es que estás bién.
Las vacaciones de navidad sin problemas, solamente poca bebida y eso era todo el cuidado que tenía.
Poco sabía yo que estaba montado en la parte alta del tobogán, comenzando a caer y sin frenos...
martes, 30 de marzo de 2010
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